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Daniela Liebman, la joven mexicana que conquista la música clásica

Te presentamos a la pianista mexicana que con solo 15 años se ha presentado en Bellas Artes y el Carnegie Hall.

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Daniela Liebman prácticamente nació en medio de la música clásica. Su padre es violinista, su bisabuelo era cantor y una de sus abuelas, concertista en Nueva York. A ella, la vena musical le alcanzó a través del piano. "Crecí con el oído acostumbrado a la música clásica. El piano siempre me fue muy natural, y tocar delante de un público no me daba miedo", declaró.

A los 15 años, esta talentosa mexicana ya ha ofrecido recitales en Bellas Artes y ha pisado el Carnegie Hall, pero su carrera despegó en el estado de Jalisco, en el Instituto Universitario de Bellas Artes de Colima y a los 10 años ganó el International Music Piano Competition y con el paso del tiempo su nombre se incorporó a Park Avenue Artists, la agencia de representación especializada en música clásica fundada por el ganador del Grammy, David Lai, quien también le produjo su primer álbum.

Para esta joven, calificada como virtuosa por diferentes medios internacionales, el diálogo con la música clásica a su corta edad responde a esta filosofía: "Se ve lejana, intimidante, pero una vez que en este mundo conoces las piezas no es así: te dejas llevar".

Para Daniela, parte de su éxito responde a la sensibilidad que no solo se limita a la música sino a otras disciplinas como la gastronomía, la arquitectura, los viajes, el séptimo arte y la literatura. "Es saludable tener otras cosas que te interesan. Cuando llegas a un nivel de poder tocar lo que sea técnicamente, el piano comienza a convertirse en algo más mental no tanto técnico", dice esta prodigio quien refiere las biografías de otros compositores como uno de sus escapes. "Me ayuda mucho a interpretarlos correctamente. La lectura se trata de meterte a la cabeza de otra persona y experimentar sentimientos que usualmente no enfrentas".

Amante del jazz y del rock clásico, esta mexicana, que se encuentra en plena gira internacional, busca también diluir las brechas entre identidades musicales. "En la música al final no hay géneros. Son nombres que les ponemos para identificarlos, la música buena es simplemente música".