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Arquitectura

Una residencia majestuosa bajo el sol de Oaxaca

Con Casa Naila, el arquitecto Alfonso Quiñones hace un homenaje personal a la costa oaxaqueña.

ARQUITECTURA ALFONSO QUIÑONES / BAAQ’ ARQUITECTURA 

Quien ha tenido la fortuna de recorrer la franja costera que une Puerto Escondido con Huatulco, conoce un rincón del mundo capaz de encantar a locales y a extranjeros por igual. 

Tal vez la respuesta se encuentra en la suave arena dorada de sus playas, en el imponente oleaje del Océano Pacífico —que despliega una cautivadora gana de azules—, o en su peculiar mezcla de estilos entre lo hippie, lo rústico y lo indómito, que caracteriza a esta zona de Oaxaca. 

Es este Je ne sais quoi lo que, desde hace décadas, ha convertido la costa oaxaqueña es un atractivo paraíso para los aventureros que sólo necesitan sumergirse en el mar, sentir la calidez del sol en la pel y deleitarse con una gastronomía envidiable, así como con el exquisito mezcal de la región. 

Una residencia majestuosa bajo el sol de Oaxaca

Aunque Huatulco y Puerto Escondidio son los destinos más conocidos del estado, es quizá en poblaciones más pequeñas como San Agustinillo, Salchi, Mazunte o La Boquilla, donde se encuentra el verdadero sabor local.

Fue justamente tras vivir cuatro años en Puerto Escondido, que el arquitecto Alfonso Quiñones decidió construir una casa familiar en El Puertecito, ubicada a unos 20 kilómetros de esta playa. “Es una vivienda muy personal y, al mismo tiempo, parte de mi experiencia al haber vivido en las playas de Oaxaca”, expresó el director de BAAQ’ Arquitectura.

Los requisitos eran simples y, a la vez, desafiantes: lograr una relación con el paisaje, que la vivienda fuera lo más pequeña posible y, por lo tanto, lo más eficiente en cuanto a los espacios, de manera que el exterior pudiera aprovecharse completamente, y que el interior, de 240 metros cuadrados, fuera capaz de alojar cómodamente no sólo a los seis integrantes de la familia sino a nueve huéspedes más.

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Casa Naila, una residencia majestuosa bajo el sol de Oaxaca

Para ello, el primer esquema consistió en buscar un patio interno en forma de cruz, que articulara los cuatro volúmenes que configuran el proyecto, siempre tomando en cuenta la eficiencia espacial y la búsqueda de las vistas que ofrece la punta en la que se sitúa el terreno.

Así, Casa Naila se erige como una residencia de playa que deslumbra por su luminosa simplicidad, por su sencillez bohemia y por ser en sí misma —y en cada uno de sus detalles— un verdadero homenaje a lo oaxaqueño.

“La inspiración fue Oaxaca: los materiales, las costumbres, la manera en la que se cocina. Casa Naila honra a Oaxaca en todos los sentidos”, concluyó el arquitecto. 

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