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Arquitectura

Al norte de México se alza esta monumental residencia

Un trío de creativos mexicanos crearon este hogar familiar atípico, inspirado en la filosofía de Le Corbusier.

Arquitectura: Alex Carranza y Gerardo Ruiz

Interiorismo: Covadonga Hernández

Paisajismo: Mario Schjetnan

Alex Carranza y Gerardo Ruiz, al mando de Carranza y Ruiz Arquitectos, recientemente concibieron un ambicioso proyecto al norte de México, una casa familiar atípica por su tamaño —de más de dos mil metros cuadrados—, que requería el expertise de un equipo de genios creativos de distintas ramas, para conseguir un espacio que cautivara a sus habitantes.

Por ello, Gerardo y Alex invitaron a dos grandes, con quienes habían trabajado anteriormente: la reconocida interiorista Covadonga Hernández y el gurú del paisajismo, Mario Schjetnan.

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La sinergia entre los cuatro creativos mexicanos, se plasma en todos los espacios de la residencia.

Al desarrollar un proyecto “siempre partimos del sitio. Lo primero es la orientación y dónde está ubicado. Las vistas, las ventilaciones y, más adelante, las restricciones. Eso nos va guiando hacia qué camino seguir”, explicó Gerardo Ruiz. Después de diseñar casi 350 casas, el resto es casi intuición. Van ideando una propuesta lógica, funcional y atractiva casi de forma espontánea. Así nació La Casa de los Muros —como la nombraron los arquitectos—, con un entendimiento del sitio, de la forma de vivir de los habitantes y un dominio de la geometría potente y franca, como sólo Carranza y Ruiz lo alcanzan.

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El lobby se concibió como una plaza con piso de pórfido rojo,
material traído de San Luis Potosí y Zacatecas.
En el corredor exterior, las columnas se van abriendo hacia lo alto, restando rigidez a la geometría. Mural de Graciela de la Garza y
tapete indio.

Un camino largo conduce a la residencia. Después de cruzar el gran portal, se accede a la plaza de piso de pérfido rojo con árboles sicómoro de follaje bicolor, que remata en un espejo de agua con un puente flanqueado por columnas esculturales (sello de la arquitectura de Carranza y Ruiz), que nacieron a partir de observar la forma de los árboles, e invitan al interior de la casa. “La relación más fuerte entre arquitectura, interiorismo y paisaje se logró en los recorridos. Esa promenade architecturale de la que hablaba Le Corbusier: un remate a una fuente; un paseo de ventanales transparentes junto al jardín de cactáceas; y otro remate a unas espléndidas yucas traídas especialmente de la región”, expuso Mario Schjetnan.

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Al interior, la esencia de Covadonga Hernández se ve presente en los materiales naturales y atemporales, así como en los acentos de color a través del arte.
En la sala, sofás de Marqcō, escultura de Aldo Chaparro, mesas de centro de granito diseñadas por Covadonga Hernández y sillones individuales de Molteni.

Así como en la arquitectura colonial, la casa gira alrededor de un gran patio central que se abre a las montañas lejanas. Éste destaca por el piso de piedra blanca y los árboles encino siempreverde, que dan sombra a la zona social y articulan comedor, sala, bar, desayunador, cocina, terraza con chimenea exterior y alberca. Al interior, la esencia de Covadonga Hernández se ve presente en los materiales naturales y atemporales, así como en los acentos de color a través del arte. “Para mí es importante escalar adecuadamente cada espacio para que hable por sí mismo. El reto fue lograr que las dimensiones de los espacios se sintieran cálidos y vivibles”, reveló.

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En la recámara, base y cabecera de Marqcō, y lámparas Vibia. En
ella se distingue el sello de Covadonga Hernández: atemporal pero vigente, en cuestión de colores y materiales.
La inspiración para el paisajismo vino de entender el sitio y la
posibilidad para Mario Schjetnan de crear áreas de estar en contacto con la naturaleza.

La zona privada resguarda cinco recámaras. La principal y la de los niños cuentan con jardín privado; la habitación de los hijos es la única área que se desenvuelve en dos niveles, todo el resto de la fastuosa residencia se despliega en una planta. La paleta de materiales se compone de mármol nacional, aplanado y metales. Además, añadieron madera tecnológica en exteriores que, gracias a sus vetas ondulantes, crean un seductor juego visual.

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La casa siempre te permite estar en contacto con la naturaleza, tanto en el interior como el exterior.
La paleta de materiales se compone de mármol nacional, aplanado y metales.

El macizo sobre el vano —típico de la aclamada arquitectura mexicana moderna— se ve presente en todas las obras de Carranza y Ruiz, y otorga potencia, robustez y monumentalidad a las casas concebidas por ellos, como en La Casa de los Muros. “Nuestras raíces como arquitectos vienen de allí, quizás porque tenemos una fuerte influencia de Barragán. Es una arquitectura maciza, pero inyectada de luz”, puntualizó Gerardo Ruiz.

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