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Andrés Casillas, el último de los genios de la arquitectura mexicana

El arquitecto se ha convertido en una leyenda viva, su legado y trayectoria lo posicionan como un personaje sumamente trascendental para la profesión.

A pesar del deseo de su padre de ser contador público, Andrés Casillas toma la iniciativa de seguir su pasión e inicia su camino como arquitecto en la Escuela de Arquitectura de Guadalajara. Regresa a la Ciudad de México y continúa estudiando en la UNAM, posteriormente decide viajar a Alemania y estudia en la Hochschule für Gestaltung, escuela heredera de los postulados de la Bauhaus.

Espacio interior, arquitectura de Andrés Casillas

El arquitecto trabajó con maestros de la universidad como Julio de la Peña pero no fue hasta su regreso de Alemania cuando se reencuentra a Luis Barragán, amigo de su madre y conocido suyo desde pequeño, y le pide trabajar con el. Aquí empieza la gran escuela y es entonces cuando Andrés Casillas surge como discípulo de Barragán.

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Interior de Casa, arquitecto Andrés Casillas

La gran influencia barragana no solo se proyecta en el estilo arquitectónico, sino en la manera de trabajar, de inspirarse y de vivir el arte de la arquitectura. Andrés recuerda el dibujar varios croquis y comentarle a Barragán, “ya no se me ocurre nada más” y él siempre le contestaba: “¡pues que se te ocurra!”. Gran maestro que fué siempre impulsando su creatividad e increíble potencial. Andrés Casillas nos cuenta que fue una experiencia memorable el haber trabajado con Barragán, “a pesar de la diferencia de edades nos llevábamos muy bien” menciona el arquitecto. 

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casa de andres casillas de alba

Posterior a trabajar con Luis Barragán, de manera independiente el arquitecto realizó uno de sus primeros trabajos. Arregló la primer galería de arte mexicano, el proyecto fue realizado a Inés Amor con quien entabló una gran amistad, “nos caímos divinamente bien, iba a comer a su casa un día sí y el otro también”.

El arquitecto continúa a través de los años dejando un legado arquitectónico sobresaliente, Andrés deja su sencillez como principal herencia a las futuras generaciones, siempre ha creído que la arquitectura debe verse con ojos de inocencia donde se atiende directamente la función o la necesidad de un espacio que es creado sin ningún tipo de adjetivos arquitectónicos rimbombantes. Esta humildad arquitectónica la aprendió de Luis Barragán.

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